Mauricio Cervantes

Veinte años dedicado a la pintura y, un día, mientras miraba el rostro de la antigüedad en los frescos de palacios y templos, descubrió lo que podía hacer con mosaicos. Del objeto encontrado a la instalación, viejos saldos de baldosas hidráulicas le enseñaron a pintar sin pinceles y a resignificar la alquimia de procesos pictóricos arcaicos.